LA INTERCULTURALIDAD COMO PROBLEMA GLOBAL CONTEMPORÁNEO Y FACTOR IMPORTANTE PARA LA PAZ MUNDIAL

Jarien Sanera, PhD en Filología, Mag. en ciencias pedagógicas, Lic. en filología e idiomas, docente-investigador. j.neira.arenas@hotmail.com –

Apartes del trabajo que sobre la interculturalidad como problema global contemporáneo ha venido desarrollando el autor desde hace varios años y quiere compartirlo con los lectores del presente blog

 – PROBLEMA: ¿En qué medida la subvaloración o negación de la interculturalidad ha incidido en el surgimiento y la agudización de los conflictos entre distintos pueblos, razas y culturas durante las últimas décadas y consecuentemente en el deterioro de las relaciones internacionales, de la paz, del desarrollo y de la democracia a nivel mundial, regional y local?

 – OBJETIVO : Contribuir al fortalecimiento de la interculturalidad, ávida de la solidaridad, la cooperación y la amistad entre pueblos y naciones y urgida de una renovación de la llamada y mal entendida “aldea global”, tan fraccionada y negada hoy en sí misma!

DESCRIPCIÓN – JUSTIFICACIÓN

El estudio y el fomento de la INTERCULTURALIDAD han cobrado mucha fuerza últimamente, sobre todo en el medio académico, en algunos círculos pacifistas y en los pocos gobiernos progresistas que aún luchan por la paz mundial, reivindicando su verdadero valor e importancia en el surgimiento y consolidación de los distintos pueblos y culturas y en la coexistencia pacífica. Sin embargo, el olvido intencional o involuntario a que ha sido sometido por décadas y décadas tan importante concepto por parte de algunas fuerzas y enfoques guerreristas y anti-humanistas, ha sido también una de las causas de los últimos grandes conflictos internacionales que han puesto y siguen poniendo en peligro la paz mundial y han desestabilizado nuestra vida política, económica y socio-cultural en lo nacional, continental y mundial. Contrariamente a lo que se predica y se publica, la idea de la globalización, del pensamiento global, desafortunadamente, sigue aún en pañales. Nuestro planeta sí puede ser una “aldea global”, como se afirma, pero, cada vez más vieja y deteriorada por las pésimas políticas de sus dirigentes y el maltrato de algunos de sus “inquilinos” distribuidos en muchas “subaldeas” en iguales o peores condiciones de pobreza, subdesarrollo y desigualdad social. La vieja teoría de las naciones, de las ciudades-estados, “cunas del mundo y de las civilizaciones”, de los nacionalismos rancios, ortodoxos e inquisidores sigue en todo su apogeo. Así lo podemos constatar tan pronto tenemos oportunidad de viajar y cruzar fronteras de tiempo atrás establecidas, no por consenso sino en muchos casos a la fuerza, producto de guerras y expoliaciones. El sólo hecho de seguir sintiéndonos únicamente ciudadanos de un país determinado y no de un planeta en su conjunto, de un mundo globalizado, o “inferiores” por las sospechas que despertamos o por la discriminación de que somos víctimas la mayoría, al mostrar nuestro pasaporte o pronunciar nuestro idioma, echa por tierra, niega, pone en duda la validez del tan bello y cacareado “slogan” de “ciudadanos del mundo”. Ante ello, cabe la pregunta: ¿dónde quedó el planteado y añorado “racionalismo planetario”? A pesar de todos los esfuerzos hechos por varios Estados socialistas, desde distintas instancias de la educación, la cultura, los derechos humanos, para alcanzar, interiorizar y poner en práctica ese ideal cosmopolita, debemos reconocer que aún estamos a años luz de conseguirlo. Y, mientras tanto, los visados, los controles electrónicos y de rayos equis en los aeropuertos y otros abusos y vejámenes contra los “ buenos y pacíficos pasajeros del mundo”, establecidos por algunos “poderosos estados nacionales”, seguirán siendo, desafortunadamente, la pauta en las “relaciones internacionales” y la barrera ignominiosa e infranqueable para la materialización de la soñada interculturalidad, en la que las fronteras desaparezcan no sólo de los mapas sino también de nuestras mentes, de nuestros corazones y de nuestras costumbres. ¿Exageración? Tal vez! ¿Utopía? Quién sabe, el tiempo lo dirá! El hecho de haber nacido en un país determinado, tener una “patria chica” , no nos puede hacer olvidar que somos parte de un todo más grande, en términos planetarios y universales, al que retornaremos necesariamente después de esta, nuestra estancia pasajera, terrenal y errabunda. Nada ni nadie, por más dinero o armas que tenga, puede impedirnos entrar en contacto y deleitarnos con todas las bellezas que nos ofrece nuestra maravillosa y singular diversidad planetaria, patrimonio de todos y representada en personas, lenguas, costumbres, faunas, comidas, rituales, fiestas, etc. Además del calentamiento global, la carrera armamentista, el surgimiento de nuevos estados nacionales, la caída de las bolsas y la quiebra de algunas de las otrora poderosas economías europeas, la lucha de clases, el fanatismo religioso, la alienación de las mentes en el ciberespacio a través de las llamadas “redes sociales”, otros de los grandes problemas globales y retos que afronta nuestro mundo de hoy tienen que ver, precisamente, con los desajustes y convulsiones sociales producidos a la luz y con la permisividad de la hace rato llamada y no muy bien entendida “globalización” y que impulsan un nacionalismo desbocado, insensato, que obstaculiza cada vez más el libre movimiento de personas, productos e ideas, se irrespeta la soberanía y se pisotea el derecho a la autodeterminación de los pueblos, desconociendo la co-existencia de la unidad dentro de la diversidad y viceversa o lo universal y lo específico en la cultura(como lo afirman Guadarrama y Pereliguin en su libro), puesto que se olvida que aunque haya historias diferentes, estructuras políticas diferentes, tradiciones religiosas diferentes, idiomas, alimentos, arquitectura y literatura diferentes, que se remontan a cientos de años, hay también una historia, una cultura, un legado universal que debe acercarnos como seres racionales a través de ese gran puente que es la interculturalidad y que definitivamente nos puede conducir a una paz duradera, a una coexistencia pacífica, haciendo alcanzable el progreso y el bienestar para todos sin distingos de clases, razas, ideologías o credos. Y aquí cabe recordar el sabio pensamiento martiano de ser cultos para ser libres. José Marti, en su ensayo “Nuestra América” entiende por cultura la capacidad humana para transformar la realidad, asimilando creadoramente la libertad “no sólo de los enigmas de la naturaleza, sino también de las imposiciones de otros hombres”. En otras palabras, respetar, reconocer, pero, también hacerse respetar y hacerse reconocer por nuestra identidad y logros culturales. Entendemos por interculturalidad aquella aproximación e integración que tiene lugar de manera interpersonal, intragrupalmente o entre pueblos de dos o más culturas, a un mismo nivel y de forma sinérgica, es decir, en un plano de igualdad que favorece la amistad, la convivencia, la integración, la cooperación. El sistema de relaciones interculturales se basa en el respeto por la diversidad, en el reconocimiento del otro, en el diálogo y la concertación. Dado que en la construcción de la interculturalidad es inevitable la aparición de conflictos, un pilar fundamental para su preservación y permanencia es la negociación que favorece el acercamiento, la comprensión y evita la confrontación. De igual manera, la progresiva conformación de una amplia ciudadanía con igualdad de derechos es también muy importante. Desafortunadamente, las distintas concepciones de cultura, las diversas barreras comunicativas, la carencia de voluntad política y de claras políticas estatales que favorezcan la interculturalidad, las inflexibles jerarquías y escalas sociales, las radicales diferencias por estratos socio-económicos, por enfoques ideológicos, credos y tendencias políticas, los intereses hegemónicos y geopolíticos de las grandes superpotencias y sus satélites regionales hacen que los sanos y loables propósitos de la interculturalidad se vean truncados, sensiblemente mermados o reducidos a esfuerzos parciales de unos pocos grupos, pueblos y culturas víctimas directas de este otro problema global contemporáneo que constituye la paradójica inexistencia de una verdadera interculturalidad planetaria, esencialmente humana. Se denominan globales aquellos problemas que por su naturaleza afectan no sólo a una o varias personas, sino a la mayoría del género humano y, en general, a nuestro planeta Tierra y que por su gravedad e incidencia en las relaciones hombre-hombre, hombre-sociedad, hombre-naturaleza desde hace rato son objeto de estudio de la globalística y de otras ciencias e investigadores preocupados del progresivo deterioro de la vida en nuestro Planeta y de la supervivencia misma del género humano, si no se toman a tiempo los correctivos necesarios que permitan la coexistencia pacífica de todos los países y pueblos del mundo, el respeto a su soberanía, su autodeterminación y libre desarrollo, la erradicación de la pobreza extrema y el hambre, la superación del analfabetismo, la cura y control de todas aquellas enfermedades infecto-contagiosas, el control del calentamiento global y la escasez de recursos naturales, la lucha contra el tráfico de drogas ilícitas, el cese de las guerras por la apropiación de las fuentes energéticas, la trata y esclavización de personas, etc. Y todo ello solo es posible en el marco de una paz estable, una permanente, solidaria y equitativa cooperación entre Estados y gobiernos y una espontánea y creativa interculturalidad sin distingos de razas, credos, ideologías, ilimitada acumulación de recursos o poderío militar o económico. Por ello, es también urgente e inaplazable la creación y el impulso en distintos países y regiones de nuestro Planeta de verdaderas escuelas o cátedras de interculturalidad, a la luz de una concepción y un enfoque humanistas, fundamentados en la amistad, la solidaridad, la cooperación, el internacionalismo proletario, el desarrollo y la paz entre pueblos y culturas, subvencionadas por los distintos Estados y el capital privado y a través del otorgamiento de becas a ciudadanos de diferentes partes del mundo conscientes de la importancia que representa el cultivo de la interculturalidad como presente y futuro de la humanidad, de nuestros hijos y de los hijos de nuestros hijos, de este Planeta que nos tocó en suerte habitar y que debemos cuidar y defender como única , por ahora, opción válida de vida y supervivencia. Que las inevitables diferencias en cuanto a idioma, cultura, tradiciones, costumbres que se dan entre pueblos y naciones no sean barreras infranqueables ni sirvan para crear más distancias entre países y culturas, sino, por el contrario, para reconocernos en la diversidad, ponernos en la piel del otro y tratar de atenuar esa miopía intercultural que nos impide tolerarnos, respetarnos, entendernos y solidarizarnos como género humano diverso, pero único en el universo. Una experiencia personal – El autor, de origen colombiano, cursó sus estudios universitarios de pre y postgrado en la antigua URSS. Al igual que muchos otros estudiantes latinoamericanos y de los otros cuatro continentes, fue favorecido con una beca internacional completa otorgada por el gobierno soviético que le permitió hacerse profesional y especialista(PhD en Filología) en uno de los excelentes centros académicos de ese gran país euroasiático y superpotencia mundial que es Rusia. Allí también, como otros estudiantes extranjeros, aprovechando ese “puente intercultural”, científico y lingüístico(a través de la lengua rusa) tendido por el gobierno soviético, conoció a su esposa laosiana y logró conformar una verdadera familia “internacional” de la cual quedan dos hijos, el mayor nacido en Moscú y el segundo en Vientiane-Laos, quienes, a su vez, han conformado ya sus respectivas familias residentes en Laos, Reino Unido, Suráfrica y Colombia. Este otro caso de interculturalidad nos demuestra que las diferencias de raza, credo, ideología, lengua o cultura son plenamente superables, que dialécticamente la unidad (del género humano ) admite y necesita de la diversidad e integración (de pueblos y culturas), puesto que, de lo contrario, la supervivencia del género humano, seguirá en peligro y su futuro es y seguirá siendo incierto! Palabras claves: interculturalidad, global, globalización, globalística, cultura, raza, ideología, educación, lengua, paz, solidaridad, desarrollo, democracia.

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